La oración es como el agua

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La oración es como el agua. ¿Esa afirmación hará que alguien levante una ceja?

Decir que la oración es “tan íntima como la respiración” nos invita a pensar en nuestra propia respiración: nuestra propia conexión con ella, una fuente de nuestra existencia (sin la cual no podemos sobrevivir, ni siquiera unos minutos).

¿Hay algo, alguien, más íntimo que nuestra respiración? Aquí está nuestro desafío: pensar, sentir, respirar y exhalar, relajarse, disfrutar. ¡De nuevo!

La respiración impregna todo mi ser. Se convierte en parte de mí; Aún así, tengo que invitar al aire a entrar, y si no lo hago, no viene, a pesar de que estoy rodeado por él.

Entonces sí, hay algo más íntimo que el aire: el agua. El agua soy yo Dependiendo de mi edad, tengo de 50% a 70% de agua. Los científicos nos dicen que aproximadamente el 70% de la superficie de nuestro planeta azul es agua.

No tengo que llamar al agua para entrar en mí, para ser parte de mí. No tengo que llamar a Dios para que venga, para estar conmigo. Dios soy yo, es parte de mí, de ti y del planeta. Somos uno.

La oración es tomar conciencia simple y profunda de las increíbles criaturas que somos. Estamos impregnados de Dios, parte de Dios. Como dice Pablo, estamos inmersos en Dios ( Hechos 17, 28 ).

Tomar conciencia de eso es ser parte de un proceso de transformación. Es de alguna manera canalizar nuestro amor, que, como una cuenca hidrográfica interior, canaliza todas mis “aguas” todas aquellas y todas las que amo, hacia el gran río de la vida.

Como religiosos, sabemos íntimamente que la oración es la fuente de nuestro amor, de nuestra vida. Si exploramos cuán íntimo es ese amor, qué parte de nuestro ser es, descubrimos que estamos identificados por la oración. Como el agua en nosotros, como el agua en el planeta, somos uno con todos.

¿Cómo impacta la oración en mi ministerio?

Las personas conscientes de ser uno con el Uno exudan cierta luz, cierto brillo. ¿Es ese ministerio?

Cuando contemplo el planeta azul, me transportan a un lugar mejor dentro de mí, un lugar de belleza y posibilidad, un lugar de amor, agua y vida para todos. Supongo, espero, que la gente vea eso en nosotros o a través de nosotros.

Hermana, eres “azul”. ¿No es ese nuestro nuestro ministerio? Eres una hermosa cuenca!

Magda Bennásar Oliver

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