Reflections

¿Por qué revelación?

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Después de que todo el montaje navideño termina es, tal vez, el momento de recuperar el sentido de lo que hemos celebrado y de lo que se nos ha comunicado.

Es muy propio de nuestra cultura griega buscar en el léxico algún término para explicar o describir lo vivido. Y muchas veces decimos: no encuentro la palabra, no sé como explicarlo…y no coincide siempre con grandes experiencias pero sí con experiencias reveladoras que quiere decir desveladoras de algo que antes estaba velado u opaco y que despacio se me presenta más claro o más diáfano.

Todo eso se resume en el corazón creyente, buscador, con un término proveniente del griego “epifanía”: revelación, manifestación. Navidad no es una fiesta familiar, así la hemos convertido quitándole mucho de su sentido propio y profundo en detrimento de nuestra fe. No porque una celebración familiar sea mala, Dios me libre, sino porque no es el significado propio y todo el montaje alrededor de familia, regalos, comidas, de encuentros y desencuentros muchas veces vela más que desvelar su sentido auténtico.

Y digo en detrimento de nuestra fe porque la comunidad cristiana nos pone delante de nuestros sentidos un montaje si queréis, muy distinto, y al no tener tiempo ni tal vez herramientas para desbrozarlo, se pasa, una vez más y seguimos corriendo buscando sentido, dejando atrás un reguero de contenidos, de manifestaciones, de epifanías sin recoger. Eran, son, el regalo del mismísimo Dios a ti, a tu familia, a la comunidad, al Universo.

En lenguaje simbólico bíblico una revelación es una estrella, es decir, una manifestación de Dios, es como una luz  sesgada o indirecta que pasa a través de lo común y ordinario de nuestra vida.

Navidad, epifanía son momentos en nuestra vida en que se nos hace un poco de luz sobre el significado de todo, que tal vez seguimos sin entender pero empezamos a comprender a intuir a acoger en nuestro interior.

Puede ocurrir a través de alguien que “me escucha” o alguien que nos valora y acompaña, o alguien que con su vida, con su proyecto trae esperanza a la mía. Tal vez una circunstancia no buscada…Puede ser un encuentro con el Dios del silencio que nos habita y acompaña en la noche y de pronto su Palabra, su Presencia tenue me regala paz, renueva mi confianza, aunque siga sin entender en la noche. Es algo así eso de la estrella, como decimos “estrella fugaz”…sólo quien está atento y despierto la percibe, la siente, la ve.

Es propia en este momento de la reflexión la pregunta ¿quién o qué ha sido estrella, revelación en mi vida, en este año que estamos despidiendo, mientras el otro empuja con ganas y con vida nueva para los despiertos?.

La conclusión sería, si algo, alguien…ha traído luz, es Dios quien te habla a través de ello o ell@s. No dejes que sea fugaz. Es la ruta que te indica por donde ir, por donde llegar.

Nuestra historia de salvación está llena de personas que a la luz de lo normal son diferentes. Son mujeres y hombres que acogen en sueños o despiertos esas delicadas luces que sólo el Dios del amor puede regalar con esa delicadeza. Ella no busca deslumbrar ni interferir en tus grandes planes y proyectos. Por eso luz sesgada, tímida e indirecta porque respeta que nosotros decidamos. El amor no impone, espera.

Eso sí, si algo o alguien ha sido luz, prioriza, no lo dejes, es tu luz para tu camino. Este es el regalo de Reyes y también el nuestro, de nuestra pequeña comunidad.

Si te sirve nosotras intentamos ese camino y no digo que sea fácil pero es liberador y gozoso, acompañado de nubarrones pero siempre, siempre hay experiencias, personas, que son lámpara, por lo menos para ese tramo del camino de nuestra vida.

No se trata de propósitos, se trata de seguir la luz que el corazón inteligente te insinúa.

Magda Bennásar Oliver

 

 

Los primeros cristianos no tenían templos ni celebraban sacrificios

Posted: 3:48 pm, Diciembre 7, 2018

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La Cena del Señor, la Fracción del Pan, no nace en el templo sino en la Sinagoga. La Sinagoga Cristiana toma la estructura de la Judía, pero la modifica y la completa.

Su local no es el Templo, ni la preside un sacerdote (ni un doctor); en ella no se celebran sacrificios sino que se lee la palabra y se hace oración. La modifica, porque la palabra del AT se ve sustituida por los hechos y dichos de Jesús, no narrados y explicados por sabios doctores sino por los Testigos de Jesús; y los participantes ponen en común lo que el Espíritu da a cada uno (profetas). La completa, porque termina con la Fracción del Pan, que no tiene precedente en el AT. En esa reunión no hay sacerdotes, ni aparece alguien que por oficio la presida, ni aparece por ninguna parte que se ofrezca un sacrificio, ni se nombre la palabra altar.

Nuestra pregunta tendrá que ser, necesariamente: ¿de dónde han salido la interpretación sacrificial de la Eucaristía, llamada “el santo sacrificio de la Misa”, con todos sus ritos, su clericalización y la mera “asistencia y participación” de los “laicos”?

Esteban, hace un virulento ataque contra el Templo: “no se pueden hacer casas en el Altísimo”. Los primeros seguidores de Jesús no tienen Templos, lugares de presencia de Dios y de adoración. Pero más tarde fueron surgiendo. ¿Era un retorno al Antiguo Testamento, una traición a Jesús? La magnificencia de los templos cristianos ¿tiene que ver con Jesús o más bien con el Templo de Jerusalén?

Aquí llegamos a la conjunción de varias líneas: el aumento del número, la progresiva crecimiento de la clase clerical, el cambio teológico de banquete a sacrificio, la posesión de riquezas y la concepción de los templos como esplendorosos monumentos a la gloria de Dios, que son un peligro mortal para la Cena del Señor.

Recordemos: Dios no necesita nada, solo que cuidemos de sus hijos. Todo el dinero que tenga la Iglesia es para los pobres. Sólo cuando nadie en el mundo padezca ninguna necesidad podremos dedicar dinero a la gloria de Dios.

El espíritu está en la asamblea, no en la cabeza aislada. En la Iglesia no hay poder sino misión. Hemos comprobado que, invariablemente, las decisiones importantes se tomaban en la asamblea, que aparecía siempre como órgano supremo a la hora de decidir, aun cuando estuvieran presentes los apóstoles y el mismo Pedro.

Esto sucedió desde el principio, con la elección de Matías, hasta el final, con el que llamamos “Concilio de Jerusalén”, a cuyas autoridades se someten Pedro y Pablo, con reticencias de los de Santiago.

¿Cómo se tomarían las decisiones importantes en el futuro? El modo asambleario fue declinando, dejando paso al modo monárquico. ¿Cuándo comenzó esta sustitución? ¿Se parece algo aquel modo asambleario original al modo actual de ejercerse la autoridad del Papa, de los obispos y de los Concilios?

La función de los Doce, y muy especialmente de Pedro: “Nosotros nos dedicaremos a la oración y a la Palabra”, dejando la administración a otras, elegidas por la comunidad. Los Doce, y más tarde los apóstoles, tienen la misión de la Palabra, para cumplir la cual les es necesaria la oración. Eso les da autoridad, pero nunca aparece esta autoridad como un poder ni lejanamente semejante a poderes civiles, ni menos aún militares o económicos. El caso de Pedro es llamativo:

toma iniciativas aceptadas por todos (elección de Matías (1,12);

propone a la comunidad y a ésta le parece bien (ibid.);

es enviado por la comunidad, junto con Juan, a la evangelización de Samaria (8,14);

toma por su cuenta y riesgo de decisión de entrar en casa de paganos y bautizarlos (10,34);

tiene que dar explicaciones a la comunidad de Jerusalén, cosa que hace con toda naturalidad (11, 1);

opina, con autoridad pero sin carácter de decisión definitiva, en el “Concilio de Jerusalén” (15,7);

recibe la reprimenda de Pablo (Gal. 2,11) “porque era digno de reprensión”.

Las formas de gobierno. Hemos comprobado que existen varias formas. La comunidad de Jerusalén parece regirse por un consejo de ancianos presididos por Santiago, “el hermano del Señor”. En otras comunidades aparecen sin más “los presbíteros”, que parecen ser también consejos de ancianos, unas veces espontáneos y otras nombrados por Pablo o algún otro apóstol. Finalmente aparecerán los epíscopos, que una veces son presidentes del consejo de ancianos y otras se presentan con autoridad más personal. De todas estas formas solamente ha subsistido en la Iglesia el episcopado, monárquico.

Tendremos que preguntarnos por qué declinaron las otras formas y también si no podrían existir hoy en la Iglesia sistemas de gobierno diferentes. Aparecen los diáconos, como encargados de temas económicos, como encargados de los aspectos físicos de la Fracción del Pan y como auxiliares de los epíscopos.

Tanto los epíscopos como los presbíteros, los diáconos, y profetas son casados; más aún los textos no aparecen tolerarlo sino exigirlo. 1Tim 3,2-5: Es, pues, necesario que el epíscopo sea irresprensible, casado una sola vez, sobrio, sensato, educado, hospitalario, apto para enseñar, ni bebedor ni violento, sino moderado, enemigo de pendencias, desprendido del dinero, que gobierne bien su propia casa y mantenga sumisos a sus hijos con toda dignidad; pues si alguno no es capaz de gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la Iglesia de Dios?

Incluso se habla de los apóstoles, y expresamente de Pedro, como “acompañados por una mujer cristiana” (1 Corintios 9,5). Solamente se habla de célibes refiriéndose a Pablo y Bernabé y no para ponerlos como modelos por su celibato sino precisamente para justificar su carácter excepcional… ¿De dónde ha salido el celibato sacerdotal obligatorio? Ha ido surgiendo más tarde en la Iglesia, puesto que no la encontramos en las primeras comunidades.

No hay más sacerdotes que los del Templo de Jerusalén. Las comunidades cristianas no tienen sacerdotes. ¿Cómo nacieron y qué significan? De todo esto se deduce algo muy claro. Todos estos modos de gobierno pueden ser convenientes o inconvenientes, eficaces o inútiles, pero nunca podrán decir que provienen de Jesús, y por tanto pueden modificarse. Pero lo que sí es de Jesús, y resplandece en las primeras comunidades, es que se sienten responsables de sí mismas, que no hay división ninguna entre los que mandan y los demás, que no hay clase clerical, que nadie se siente con poderes divinos. Las formas pueden cambiar, pero si no cabían con el Espíritu de Jesús son traición y llevan al fracaso.

Las mujeres. Son muy importantes: lo fueron en la vida de Jesús y más aún en la Resurrección; son parte mayoritaria de la primera comunidad de Jerusalén y probablemente también de otras. Son citadas con mucha frecuencia en Hechos como magníficas colaboradoras, y aparecen ostentando los cargos de apóstoles, diaconisas y profetas. Incluso aparecen breves citas en que da la impresión de que es la pareja, el matrimonio, el que es sujeto de la misión.

Esto fue desapareciendo en la Iglesia. No desapareció su importancia real, pero sí toda la participación en cargos de las iglesias. ¿Cuál es la causa de su exclusión a lo largo del tiempo, y cuáles son sus reales y posibles funciones en la Iglesia hoy? Sería largo de explicarlo pero es fácil hacer una afirmación: su exclusión no viene de Jesús.

Al rechazar el sacerdocio para las mujeres se suelen aducir dos argumentos: que Jesús en la última cena ordenó sacerdote a solo varones; y que en la tradición de la Iglesia no ha habido nunca mujeres-sacerdotes. La respuesta a estos argumentos es muy sencilla: en los Hechos de Apóstoles aparece claramente que en las primeras comunidades no hubo sacerdotes, muestra evidente de que Jesús no ordenó de sacerdotes a nadie; pero en todos los servicios a la Iglesia que aparecen en esas comunidades, apóstoles, profetas, diaconisas… aparecen mujeres.

Convertíos: cambiar. El vino nuevo rompe los odres viejos. Si el Antiguo Testamento era fidelidad al pie de la letra a lo antiguo, lo formulado, inmutable, lo de Jesús va a ser muy diferente, y así se muestra en Hechos.

Las primeras comunidades no tuvieron inconveniente en cambiar: abandonaron el Templo, la circuncisión, las restricciones alimentarías, la prohibición de tratar con paganos, el modo de autoridad, la función de las mujeres…

Y se atrevieron a cambiar dos cosas que pasan desapercibidas y son radicalmente importantes: Cambiaron de idioma. Abandonaron el sagrado hebreo de las escrituras y el arameo en que se expresó a Jesús. Hablaron a la gente, tradujeron a Jesús al idioma de todo el mundo. Y es que no tenían un idioma sagrado, ni fórmulas sacras o mágicas.

En el mismo sentido, cambiaron de cultura. No hace falta ser judío, ni en idioma ni en costumbres ni en cultura para seguir a Jesús. Ni hace falta ser occidental, ni romano, ni en idioma ni en costumbres ni en cultura.

Me atrevo a decir más: a aquellas comunidades no les hizo falta ser judíos ni en religión. A otras culturas actuales ¿les hace falta ser occidentales en religión? ¿Hay una identificación entre el cristianismo occidental (griego y romano y muchas cosas más) y el camino de Jesús, o eso es lo que nosotros, Occidente, nos hemos creído, con la misma razón/sinrazón que los judíos del tiempo de Jesús y de los Hechos llamaban “Palabra de Dios” a sus interpretaciones y costumbres?

Ni el sacerdocio ni el episcopado monárquico, ni la actitud del Papa como vicario infalible de Cristo, ni el sentido sacrificial de la Cena del Señor ni cinco de los siete sacramentos, ni la diferenciación entre clero y laicos, ni el celibato de los ministros ni la construcción de templos aparecen en los escritos que hemos comentado.

Esto parece indicar con claridad que no tienen su origen en Jesús sino que son introducidos más tarde en la Iglesia. Podrán ser aciertos o equivocaciones, dependerán del Espíritu de Jesús o serán traiciones a él, pero está claro que no pueden fundamentarse en la voluntad de Jesús ni afirmarse que fueron “fundados” por Él.

Pero esto podría ser marginal. Naturalmente las costumbres cambian, los tiempos piden modificaciones. No es lo mismo gobernar una comunidad de veinticinco personas que otra de cien mil ni se pueden reunir en el mismo local, no se pueden transferir modos de las iglesias primeras a las nuestras.

Por supuesto. Pero hay algo que no es marginal: la fidelidad al Espíritu de Jesús. Y aquí tenemos un problema: muchas de las diferencias entre los modos de las primeras iglesias y los de la Iglesia actual no son modificaciones pedidas por la adecuación del espíritu a nuestros tiempos sino más bien desviaciones al espíritu de Jesús.

Una Iglesia que se preocupa más de sus problemas y su propio status que del hambre y la injusticia del mundo, no vive el Espíritu de Jesús.

Una Iglesia que ha convertido la cena del señor en un espectáculo ostentoso, celebrado solo por clérigos y en locales espectacularmente costosos, no tiene nada que ver con la humilde celebración alrededor de la mesa de las primeras comunidades.

Una Iglesia gobernada autocráticamente por personas que se dicen ser representantes del poder Dios mismo no se parece nada a la iglesia asamblearia de sus principios.

Una Iglesia que excluye a las mujeres y exige el celibato de los sacerdotes, no consiste en el número de adeptos ni en su poder económico o en su prestigio social, sino en su capacidad de trasmitir el Espíritu de Jesús.

Conclusión primaria; está muy claro que la Iglesia hoy tiene problemas, pero debería también estarlo que la única vía de solución es repetir la experiencia de las primeras comunidades: obedecer al espíritu de Jesús, aunque hay que renunciar a tantas y tantas cosas que se nos han pegado tan profundamente que nos parece que son fundamentales. Pues no lo son, más bien son traiciones clamorosas al espíritu de Jesús: eso es lo que hace fracasar a la Iglesia.

+ José Ruiz de Galarreta, S.J

 

 

Christmas is for lovers

From National Catholic Reporter

Global Sisters Report

Anita Areli Ramirez Mejia, an asylum seeker from Honduras, hugs her 6-year-old son, Jenri, July 13 at La Posada Providencia shelter in San Benito, Texas. The mother and son were reunited after being separated near the Mexico-U.S. border. (CNS / Reuters / Loren Elliott)

by Tracy Kemme 

Dec. 28, 2018 in 

It’s impossible to overemphasize the centrality of love in our beautiful tradition. The mystery of love is inexhaustible, present at the beginning when God brought forth all that is, singing in Jesus’ incarnation, life, death and resurrection, pulsing through each of us as Spirit, and drawing us to a future where peace and justice will reign forever. This Christmas, I was reminded again what it’s really all about: Love.

Receive

Just before Advent began, I sat in quiet prayer, asking how God wanted me to spend the sacred, often-too-short-feeling season. With thousands of options for daily Advent reflections and theme calendars floating around, I wondered: What would my practice be? How would I make space and wait? How would I grow?

In the silence, three words materialized: “Receive my love.”

The simplicity surprised me.

Just receive? I thought. It seemed too good to be true. I’m not quite sure what I was expecting, but I supposed it would require more effort on my part. I was imagining active Advent verbs: make space, clear clutter, pay attention.

I waited a little longer.

Nothing else came. The tiny sentence had taken root in my heart, and I sensed that God wanted it to stay there.

Receive my love.

Three words. And a lifetime’s worth of learning.

I smiled. I spend a lot of time striving. Even when I preach to others how much God loves them, sometimes a block in my heart — perhaps from past wounds or present worry — keeps me from truly believing in God’s unfathomable love for me. Even though I have vowed my life to a God I know to be pure graciousness, I resisted when I sensed that this God wanted me to simply receive love. It felt like a gift I didn’t deserve. Aha! I smiled again. Of course — that’s the point! That’s the Judeo-Christian story. Our God is given-ness. We are each loved with a “love beyond all telling.”

Like a good human being, I found myself complicating things throughout Advent. But whenever I most needed it, I would flip through my journal and remember God’s invitation meant to frame my whole Advent journey: Receive my love. My being would somehow breathe a sigh of relief. I would settle into silence, palms wide open, not working or figuring out, but simply resting in God’s love.

As Advent progressed, God’s invitation deepened. Prayer saw the phrase expanded: Receive my love and share it with others. Again, I smiled at profundity revealed in simplicity. The freely offered warmth and tenderness of God naturally overflow, compelling me to reflect the same to others. Real love doesn’t stay put. And it doesn’t originate with us, but with the Source of everything. I think I’ve heard this somewhere before: Love one another as I have loved you.

(Tracy Kemme)

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I’ll never forget Adriana’s embrace. Her arms were all the way around me, fingers practically digging into my back, head resting on my shoulder, tears moistening my jacket, most of her body weight leaning on me for support. My eyes closed in prayer as I held her. I was still, silently letting her know she could stay in my arms as long as she wanted. It was as if she’d been waiting for a hug for weeks.

Adriana left Guatemala with her two children in October, and here she was, the day before Thanksgiving, at Centro San Juan Diego shelter in El Paso, Texas, that welcomes migrants recently released from detention. Adriana and her two kids spent four days in Immigration and Customs Enforcement custody after their month-long journey on foot, bus and everything in between. They had been corralled in cold rooms with little food and only an aluminum sheet for sleeping, still wearing the same outfits they had donned to depart Guatemala over a month ago. The center would give them good food, clothes, showers, and a warm place to sleep.

I was volunteering in the intake room. We looked over the migrants’ immigration papers and helped them connect with loved ones elsewhere in the United States who would arrange for their travel. Moments ago, Adriana had spoken with her brother.

“Sí, hermano,” she said when I handed her the shelter’s little Nokia cell phone. “Sí, estamos bien, gracias a Dios” (Yes, we’re fine, thanks be to God.)

This is what most people said when they spoke with family, and it floored me. They had just voyaged from their dangerous, destitute homeland to an unknown country where they were detained like criminals. The shelter physician had diagnosed Adriana’s daughter, 6 years old, with pneumonia. She was bent over, coughing, with her forehead on the table. Adriana’s son, 3 years old, sat blankly in a little chair next to his sister, not squirmy like a healthy toddler. But they were “fine.” I suppose that after such a journey, and such a life before the journey, just being alive and together was something.

Adriana handed the phone back to me when she had finished talking with her brother. He had assured us he would buy cross-country Greyhound bus tickets for her little family to go and live with him while they navigated asylum proceedings. Adriana sighed forcefully and lifted her chin, as if recognizing how far she had come and summoning courage for how far she still had to go.

“You’re so close to reuniting with your brother,” I said, peering into her weary eyes and reflecting all the love I could muster in mine.

“Sí, sí, Hermana. In a few days, we’ll be there,” she nodded tentatively.

“But you’ve been through so much,” I acknowledged gently, giving her the space to share if she wanted to.

“Oh sí, Hermana!” she nodded more vigorously, eyes moistening. “It’s been so hard. My babies are sick, and the journey was so long and hard, and in detention they treated us like animals …”

“Can I hug you?” I asked.

Her answer was wordless; she immediately thrust herself forward, curling into me. Her body now heaved as weeks of pain and fear erupted into sobs. I was overcome with God’s presence — I felt like my arms were God’s arms, and God’s love was pouring through me to her. The given-ness of God’s love was using me as a vessel. My heart fell to its knees, pulsing with tender compassion and humbled at the privilege of welcoming this precious woman and her family.

When she finally pulled away, breathing more calmly, I grasped her hands gently.

“You made it,” I whispered. “You’re going to be okay.”

She smiled for the first time.

“I’m just happy we’re finally in a place where there is love.”

Beloved, be loved and be love

I don’t think it’s any accident that so many of the epistles we read in the Christmas season begin with the word “beloved.” After an Advent blessed with receiving the gift of God’s love, the word “beloved” jumps up and touches my heart again each time.

“Beloved, let us love one another, because love is of God,” we read during Christmas Eve night prayer (1 John 4:7-11). “Beloved, if God so loved us, we must also love another” (1 John 4:11).

It seems that it is God’s deepest hunger for us to know this truth — that we are beloved — and share that truth with every person we meet.

This is the joy of Christmas: It is not a one-day crescendo that leaves us melancholy once the presents are unwrapped and the lights come down. It is the story of love that brought forth the universe and then took on flesh to make that love even more visible, touchable, undeniable. It is the story of a God who, as Karl Rahner says, is both the giver and the gift. It is the story of knowing and sharing, of being loved and being love to others. The story is ours to receive and ours to retell, from generation to generation.

Beloved, simply open your heart, and let God make Christmas come alive in you and through you. Beloved, you are loved. And you are love.

[Tracy Kemme is a Sister of Charity of Cincinnati who authored the blog Diary of a Sister-in-Training during formation. After a decade in social justice and Hispanic ministry, she is working toward her master’s degree in pastoral ministry at Catholic Theological Union in Chicago.]

  

 

Me siento en el banco con…

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Faltan pocas horas para que según nuestros calendarios termine este año. Nosotras en estos momentos alimentamos tres blogs y no sé para cuál de los tres escribir, así que por principio de igualdad escribiré pensando en las personas que compartís vida conmigo desde cualquiera de los tres, para los que les coincida, disculpad el rollo. Hay otros blogs, como Fe Adulta y Eukleria que yo sepa, que fielmente publican nuestras sencillas reflexiones, también a esas personas que se toman el tiempo de agradecer, de escribir un comentario…sois llama encendida para mí, ¡¡¡ gracias!!!

Desde mi cuevita de Lovaina, con un tiempo que invita a estar adentro, con la vela encendida no sólo por la llamita que con su danza me invita a fijarme en ella y en lo que significa, sino también con las personas que habéis sido luz, llamita, y que con vuestra danza, luto, silencio, me invitáis a fijarme en vosotras, con todas vosotras deseo agradecer este año, desde mi banco, al atardecer del último día del año.

En Febrero ocurría algo que ha mejorado mucho la calidad de nuestra Vida. En medio de un torbellino de críticas y amenazas provenientes de un clero enfermizo y poco feliz, descubríamos una comunidad con la que hace unos días hacíamos ya una alianza. Esa comunidad SFCC, ha confirmado lo que nuestro corazón andaba buscando hacía más de 20 años. No me voy a alargar porque ya sabéis de ello, pero sí me voy a parar en mi banco, con las personas que ya conozco de la comunidad y con las que no conozco y les voy a agradecer su valentía por crear algo tan enganchador para la gente de hoy, de la edad que seamos, y seamos  laicos o religiosas, Jesús, como SFCC no hizo diferencias.  Desde mi banco os mando un fuerte y apretado abrazo de agradecimiento y la seguridad de que nuestra danza juntas es de la Ruah.

El siguiente grupo, sois personas que ahora estáis en un blog de preinquirers s/bfcc’s. Con vosotras comparto vida, oración, retos, futuro. Sois personas que la mayoría nos conocemos hace años y se ha ido creando un vínculo especial, desde una manera de interpretar el Evangelio, el cosmos, la vida, el compromiso. Os considero mi comunidad extensiva, no sé en absoluto qué pasos seguiremos dando juntas, pero estamos caminando y danzando y lo que veo y siento es bonito, huele a Evangelio.  Por tanto desde mi banco os doy las gracias y un abrazo de los de fin de año, sin uvas pero con muchas risas y oración que además en Febrero se harán reales. Gracias.

En mi siguiente grupo están dos curas vascos. Javi y José Agustín. Para mí serán siempre hermanos, fueron capaces de enfrentarse al obispo para deshacer unas calumnias provenientes de otros curas, cuyo nombre quiero recordar sólo para rezar por ellos.  Esos días de principios de año fueron de los más oscuros de mi vida. Cuando la calumnia es increíble suena a montaje…pero como mujeres en una iglesia española,  que dicen es de lo más esclerotizado del mundo, sólo nos quedaba dar cara. Gracias a esos dos hombres- sacerdotes amigos y hermanos que nos sostuvieron para que diéramos la cara, todo se fue aclarando…no las secuelas que nos cerraron puertas y dejaron un oxígeno viciado. Bendecimos  sus manos que nos bendicen tantas veces; hoy se las bendecimos nosotras con agradecimiento y cariño desde nuestro banco.

Por último, para no cansar ya que podría seguir, estáis tantas personas que nos consideramos amigas, con algunas casi como hermanas a lo largo del camino. Con unas compartimos fe y vida, con otras fe, con otras  vida. Algunas habéis tenido un año difícil: operaciones, jubilaciones prematuras para discernir, cambios…y sobre todo quiero recordar a las que habéis perdido a un ser querido, os siento muy cerca. También a una amiga-hermana profesional que hace dos días un paciente muy querido se suicidó y la ha dejado devastada. Desde mi banco de fin de año, una oración  y fuerte apretón de corazón. No puedo más que “estar con vosotras” y sabéis que es cierto.

El móvil me está recordando, con su repetido entrar de mensajes en diferentes idiomas mientras escribo, lo grande que es nuestra tantas veces no comprendida vida, que nos permite tener amigas y amigos tan diferentes a la vez tan queridos; me siento en el banco con vosotros y a todos los que habéis estado conmigo en mi banco de fin de año os deseo el regalo de desear seguir viviendo en profundidad y en comunidad, que es la firma de Dios Amor, todos los días que se nos regalen. La vida es breve, estrenémosla de nuevo, hoy, mañana…

Y tú, ¿con quién te sientas en tu banco? Sería precioso que lo compartieras, te daría vida a ti mism@ y a tod@s nosotr@s.

Magda Bennásar Oliver

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Acabo de llegar de España. He pasado unos días con mi madre mayor y con la familia. De una manera muy sutil algunos buscan hablar de algo más que de superficialidades que no nos tocan. ¡Cuántos problemas de relación, de falta de salud, de pérdidas…!

En la mayoría de los casos lo mejor que podemos hacer es estar ahí, prestar oído, abrazar …y poco más.

Me siento en el banco con todos y todas: conocid@s y desconocid@s y me alegro tanto de poder acoger, sonreír y estar.

Carmen Notario Ajuria

I sit in the bench with…

According to our calendars there are only a few hours left until the end of this year. We currently feed three blogs and I do not know in which of the three to write, so I will write thinking about the people with whom I share life from any of the three, sorry if you are in more than one. There are other blogs, such as “Adult Faith” and “Eukleria” that I know, that faithfully publish our simple reflections, also those people who take the time to thank, write a comment … you are a litle flame lit for me, thank you!

From my “cave” in Leuven, with a weather that invites you to be inside, with the candle lit not only by the little flame that with its dance invites me to look at it and wonder what it means, but also with the people that have been light, little flame, and those that with your dance, mourning, silence, you invite me to pay attention to you, with all of you I want to thank this year, from my bench, at the sunset of the last day of the year.

In February, something happened that greatly improved the quality of our lives. In the midst of a whirlwind of criticism and threats coming from a sick and unhappy clergy, we discovered a community with which a few days ago we were already signing a covenant. This SFCC community has confirmed what our heart was looking for more than 20 years ago. I’m not going to say more because you know about it, but I’m going to stop at my bench, with the people I already know from the community and with those who I still haven´t met, and I’ll thank them for their courage to create something so engaging for the people of today, people of different ages, and whether we are lay or religious, Jesus, as SFCC did not make any difference. From my bench I send you a strong and tight embrace of gratitude and the certainty that our dance together comes from the Ruah.


The next group is those of you who are now in a blog of pre inquirers s / bfcc’s. With you I share life, prayer, challenges, and future. You are people that for the most part have known each other for years, and a special bond has been created, because of a similar way of interpreting the Gospel, the cosmos, life, commitment. I consider you my extensive community, I do not have a clue which steps we will continue taking together, but we are walking and dancing and what I see and feel is beautiful, it smells like Gospel. Therefore from my bench I thank you and hug you at the end of the year, without grapes but with lots of laughter and prayer that will also become real in February this year. Thank you.


In my next group are two Basque priests: Javi and José Agustín. For me they will always be brothers, they were able to confront the bishop to undo slander coming from other priests, whose names I want to remember only to pray for them; those days of the beginning of the year were among the darkest days of my life. When the calumny is incredible, it sounds like a montage … but as women in a Spanish church, which people comment is one of the most sclerotic of the world, our only chance was to face the situation. Thanks to those two men, priests, friends and brothers who supported us, everything became clearer … although the aftermath was closed doors and stale oxygen. We bless your hands that bless us so many times; today we bless you with gratitude and affection from our bench.

Finally, not to tire you, as I could go on and on, there are so many of you who are friends, some almost as sisters along the way. With some we share faith and life, with others faith, with others life. Some of you have had a difficult year: surgery, premature retirement to discern, changes … and above all I want to remember those who have lost a loved one, I feel very close to you. Also to a professional sister-friend who two days ago a very dear patient committed suicide and left her devastated. From my year-end bench, a prayer and a strong heartfelt squeeze. I cannot help but “be with you” and you know it’s true.

The cell phone is reminding me, with its repeated entry of messages in different languages ​​ as I write, how big is our many times misunderstood life, that allows us   to have friends and friends so different  and at the same time so loved ; I feel in the bench with you and all those who have been with me in my bench at the end of the year I wish you the gift of wanting to continue living in depth and in community, which is the signature of God´s Love, every day that is given to us . Life is short; let’s start all over again, today, tomorrow …

And you, with whom do you sit in your bench? ; It would be nice if you shared it, it would give yourself life and you could share it with us.

 Magda Bennásar Oliver

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I just arrived from Spain. I have spent a few days with my older mother and with the family. In a very subtle way some seek to talk about something more than only superficial themes that do not touch us. How many relationship problems, lack of health, losses…!

In most cases the best thing we can do is be there, listen, hug … and little else.

 I feel at the bench with everyone: known and unknown and I am so happy to be able to welcome, smile and be.

Carmen Notario Ajuria

 

Al acabar el año…

Al terminar un año hay algo en nosotr@s que desea ver algún fruto, como ese precioso árbol que recrea la vista y colorea un pedazo de cielo. Me gustaría que este año m vida haya tenido color y solidez, como la del árbol fiel, que está y a su tiempo da fruto, el suyo, sin envidiar otros frutos más jugosos, o exóticos o abundantes.

Tal vez una de las proezas más grandes de la persona es ser ella misma, sin comparaciones ni requiebros.

Para ello te invito a iniciar tu camino hacia ese banco que nos espera al fondo, vacío, parece preparado para que esta tarde, antes de anochecer nos vayamos acercando entre luces y sombras, las de nuestras vidas, sin más.

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Antes de llegar al banco nos encontramos con árboles, hermosos, luminosos, otros de sombra larga y bien definida, todos están en nuestro camino hacia el banco, al fondo.

¿Quienes han sido esos árboles sólidos a lo largo del año? ¿Qué nombre les pondrías a cada uno de ellos, que te espera para que le des un nombre y un abrazo, un perdón y una sonrisa agradecida?

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Y al fin el banco. Al fondo, mirando al sol que se va deslizando detrás del monte. En el entorno hay sombras, hay hojas caídas, pero en el banco hay luz. Nos llama, nos atrae porque más allá, al fondo y de fondo está la Luz. Es el banco del encuentro al que se nos invita a sentarnos y sentirnos y así, con Dios y todos y todas las personas que llevamos dentro ver atardecer este año, con todo el amor que ha habido, con los que ya no están y estuvieron. Se termina el año pero no la vida. En el banco del encuentro está la Luz.

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Se nos invita a un momento de silencio y sentadas en el banco, en compañía, despedir el año recordando a cada persona que te ha dado vida. Poniéndole nombre y rostro y después entregarla a la Luz del atardecer, que indica un nuevo día, un nuevo año, nuevos comienzos. No tengas prisa, saborea la tarde, puede traer buenos recuerdos y llenarte de paz.

Que la Luz te guíe.

Magda Bennásar Oliver

At the end of the year

At the end of a year there is something in us that wants to see some fruit, like that beautiful tree that recreates the view and colors a piece of heaven.

I would like this year to have had color and solidity, like the one of the faithful tree, that Is, and it offers its fruit, without envying other fruits more juicy, or exotic or abundant.

Perhaps one of the greatest feats of the person is to be herself, without comparisons or complains.

For this reason, I invite you to start your way to that bench that awaits us at the end, empty; it seems ready for this afternoon, before it gets dark between lights and shadows, the shadows of our lives, included.

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Before reaching the bench we find trees, beautiful, bright, others with long and well defined shadows, all of them are on our way to the bench, at the end of the way.

Who have been these solid trees for us throughout the year? What name would you give to each one of them, who awaits for you to give him a name and a hug, forgiveness and a grateful smile?

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And finally the bench!. At the end of the way, looking at the sun that is slippering down behind the mountain… Surrounded by shadows, fallen leaves, but in the bench there is light. He calls us, he attracts us because right there and beyond, it is the Light.

It is the bench of the encounter to which we are invited to sit and feel with God and with all the people we cradle inside to contemplate the last sunset of this year, with all the love that there has been, with those who are no longer but were before. The year ends but not life itself. The light is on the bench.

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We are invited to a moment of stillness and sitting on the bench, in company, to say goodbye to the year remembering each person who has given us life. Naming them in the heart and visualizing their faces and peacefully delivering them all to the Light of dusk, which indicates a new day, a new year new beginnings.

There is no hurry, nature has its own time, savor the afternoon, it might bring good memories and warmth that will fill us with peace.

May the Light guide us.

Magda Bennásar Oliver